Por: Emprendiendo.
No hace falta conocer el peligro para tener miedo; de hecho, los peligros desconocidos son los que inspiran más temor.
Alejandro Dumas (1803-1870), escritor francés.
Incremento del metabolismo celular, aumento de la presión arterial, de la glucosa, de la actividad cerebral y la coagulación sanguínea. La sangre fluye a los músculos mayores (especialmente a las extremidades inferiores, en preparación para la huida) y el corazón bombea sangre a gran velocidad para llevar hormonas a las células (especialmente adrenalina), agrandamiento de los ojos para mejorar la visión, dilatación de las pupilas para facilitar la entrada de luz, la frente se arruga y los labios se estiran horizontalmente… éstos son los síntomas que experimentamos cuando aparece el miedo.
Aunque al leerlas estas sensaciones parezcan los cambios fisiológicos que sufre algún súper héroe al momento de su transformación, todos sabemos que no es así, son síntomas que alguna vez hemos experimentado y que han marcado nuestro comportamiento presente.
Hace unas semanas estuve en una reunión con un grupo de amigos. Uno de ellos se encontraba ante la disyuntiva de conservar su empleo o dejarlo y echar a andar un proyecto que lo tiene intranquilo desde hace algunos años. Este círculo de amigos es mixto, es decir, algunos somos emprendedores con empresas, otros son empleados que no disfrutan su trabajo pero siguen en él porque tienen muy buena remuneración económica, mientras que a otros les encanta su condición de empleado: son los mejores en ello y nunca les ha pasado por la cabeza emprender. Así es que la retroalimentación fue completa.
Antes de que todos comenzaran a dar sus puntos de vista, me puse a preguntar, en especial a los que no han emprendido a pesar de ser un sueño que han tenido siempre, por qué no lo habían hecho. Inmediatamente uno de ellos me contestó: “Yo, por miedo, ésa es la razón; me aterra que esa idea que me parece fantástica resulte un fracaso y quede en completo ridículo”.
Otra amiga me respondió: “Mi miedo es no tener la estabilidad económica que me da recibir quincenalmente un ‘sueldo seguro’”. Otro de ellos dijo: “A mí me da miedo invertir una gran cantidad de dinero y que el negocio no sea exitoso, endeudarme, quebrar y nunca recuperar esa inversión”.
Sea cual sea tu miedo, es muy válido y nada cuestionable. Finalmente, cada día vivimos las consecuencias de nuestras decisiones.
Si eres de los que tienen una idea y quieren convertirla en algo productivo y ser emprendedores pero te identificas con alguno de los “miedos” que mencioné con anterioridad, te tengo muy buenas noticias: actualmente existe un sinfín de herramientas, como simuladores de negocios, guías, libros, seminarios, conferencias, colecciones en video, que puedes tomar como guía para empezar y, lo más importante, te permitirán descubrir dos cosas: o reafirman tu deseo de vivir todo lo que trae consigo ser emprendedor o te das cuenta de que en realidad emprender no era para ti y te estabas aferrando a algo que al final no disfrutarías y convertiría tu vida en algo catastrófico; estas perspectivas te las despliegan, en especial, los simuladores de negocios.
Este tipo de herramientas te ayuda a emprender sin arriesgar tu dinero y, sobre todo, tu equilibrio emocional y personal. Aprovéchalas y descúbrete.
No permitas que el miedo se convierta en pánico y te paralice; por el contrario, utiliza esa energía como tu motor de impulso, pues, como diría el poeta latino Quinto Horacio: “Quien vive temeroso nunca será libre”.
Emprendiendo.
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